Si has copiado una URL de un correo o de un chat y te ha salido
llena de cosas como %20, %C3%B3 o
%3F, has visto
codificación de URL
en acción: navegadores y servidores empaquetan así los caracteres
especiales. Esta herramienta los traduce de vuelta.
Pero el caso interesante no es leer tildes y espacios. Es ver
qué parámetros
de seguimiento te han colado las plataformas de marketing
(utm_source, fbclid, gclid…)
que a veces ocupan más de la mitad de la URL.
qué dice de mí una URL con seguimiento
- de dónde vengo: qué campaña, boletín o red social me trajo aquí
- mi identidad, si los parámetros me identifican por correo o cuenta
- el momento y contexto del clic, cruzado con cookies y mi IP
- por dónde pasó la URL antes de llegarme
los nombres técnicos más comunes: utm_* (Google Analytics),
fbclid (Facebook), gclid (Google Ads),
mc_* (Mailchimp)… pero hay muchos más.
Decodificar la URL es solo el primer paso. Los mismos parámetros que identifican esta visita también se guardan en cookies, se cruzan con tu IP pública y se correlacionan con las señales que tu navegador envía de serie: la moderna en Global Privacy Control y la histórica en Do Not Track.